domingo, 2 de junio de 2013

Ejercicios de clase...

Parafrasee el poema "Amor constante más allá de la muerte" del señor Francisco de Quevedo:


Puede la muerte llevarle pronto en su capa negra;
Puede cambiar su materia viva a una inerte, a la nada;
Puede apagar la luz que fulgura en sus ojos al salir el día;
Puede cambiar su eternidad al efímero viento en las tardes de calor.
Y su alma tendrá ocasión de salir del cuerpo,
Podrá irse del mundo de los mortales a otra dimensión,
Se desligará de los azares de la cotidiana vida,
E irá camino a un lugar desierto donde no debería brillar el sol.

Pero aún así, ésta no dejará sus remembranzas en la orilla de la laguna Estigia,
No dejará la memoria de sus recuerdos preciados.
No dará por vencidos sus deseos como los miles de mortales que pasan por aquél lugar.
No dará por sentado la sentencia que lo dejará con desazón.

Pasará, sí, pasará al Hades en su día final,
Pero irá al infierno con el recuerdo de las memorias de su amor,
Aunque deba sobrepasar el mandato que Zeus ha impuesto para transitar hasta la última etapa,
aquella ley divina que reina en el mundo de las almas.

El cuerpo ha constituido la prisión del alma,
y ésta ha sido la prisión del amor; no lo ha dejado jamás.
La materia se ha regocijado y ha sido objeto para ese amor.
Ha corrido por sus venas el elixir  de la eternidad.
En su piel se sintió cada sensación que el amor le proporcionó.
Todo su ser de cualquier forma sintió emoción infinita.

Se habrá ido del cuerpo el alma y ésta no tendrá objeto en el cual habitar.
Pero el amor estará con ella y se verá cobijada con su ímpetu.
El cuerpo se desvanecerá y se esfumará de la tierra.
Traerá olvido, pero ese olvido tendrá una razón.
La razón que a cualquier humano hace trascender y morir mil veces.


Sentirse enamorado aún cuando no exista la eternidad.

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