Si quisiera yo mirarlo a usted con
la vista al frente estaría atada a un banco de preguntas constantes que buscan
destinos presurosos y llenos de acciones para gente interesante.
Buscaría un mar de hielo y lo
tiraría en ellos para hacer sanar su vida mediante la orgía de hielos frente a
su frente amarilla.
No encontraría más remedio que
pensar en un inteligente intelectualismo que roce por sus sienes y me lleve a
lo profundo de un alma sabrosa que no tenga temor en hacer cualquier cosa con
tal de encender una lámpara de que deje al lado la timidez mental.
No discurra en el hecho de ser
mayor, bien sabe qué soy y cómo y cuándo y dónde y cómo vivo y por qué vivo y
sin saberlo, mejor, me da la opción de alarde frente a un cerebro ignorante de
pasión por personas que no piensan ni comen ni rezan sino que se sientan en un
sillón a dejar pasar las tardes mientras un libro de poemas reposa frente a la
mesa de la encimera llena de gusanos molidos que comerán los pájaros venido de
Austria.
Venidero es el camino por el cual
usted hacer alarde de un calor sublime que reposa en el fondo de su cuerpo
plano. No resista al hecho de ser mayor, bien sabe usted que nada eso sirve al
hacer situaciones apremiantes de deseos fogosos de placer mental. No importa,
no se alarme, no deseo nunca más, estoy haciendo un ejercicio de antonomasia
que no sirve de nada sino para dejar que la mente vuele por lugares que nunca
diría, ni siquiera en mis hojas de papel en blanco del cuaderno rojo que
representa el rojo vivo del fuego ardiente en venas de adolescentes llenos de
ganas de salir al mundo por alguna diversión morosa de delicción.
El final de los finales se acerca,
porque ya no sé que poner, mi mente se rebate sola entre contar o no contar la
vida en una hoja de papel.
Saludos amigo forastero, espero que
pronto esté bien. No haga ninguna imprudencia plena. Y sujétese bien el
cinturón, no vaya a ser que se caiga y se dé en el coco y no pueda pensar nunca
más.
