Aparentemente los poetas son los sufridos, los que no tienen vida, pero que la absorben toda y la destilan por sus poros convirtiéndolas en tintas indelebles.
Da la casualidad de que todos parecen poetas, se bañan en tinas con cigarros mojados, perezosos. Beben vino o cerveza, que es el vino de los pobres. Y se acuestan sobre la media noche esperando que una musa les de alimento para su alma.
Recorre por las calles el murmullo de lo absurdo, del suicidio, del amor inalcanzable, del magnetismo inmediato, del hedonismo, del halo de misterios, del sexo fugaz, de las relaciones intrascendentes, de la pura espontaneidad, del vocablo prodigioso e ingenioso.
Ahora bien, si nos agarramos de los anteriores epítetos, sólo queda preguntarme : ¿dónde quedo yo si deseo ser poeta?